miércoles, 12 de diciembre de 2007

Lea poesía


Atrévase. Rompa de verdad su rutina, deje que entre en su vida amaestrada por los hábitos y la existencia programada el aliento quemante del poema. Hágalo ahora, antes de cambiar de opinión, como un impulso, antes que cambie el viento, siguiendo el siempre incierto camino de los astros, solo, en compañía, en silencio, en voz alta.
Lea poesía.
Pregúntese cuánto tiempo atrás que no lo hacía, cuánto tiempo sin comprender para qué de verdad sirven las palabras, cuando pesa un silencio, las catástrofes que dependen de una pausa.
Lea poesía.
Siga el gesto melódico del hablante, y cierre los ojos cada vez que termina un verso, salte al vacío, acepte las leyes irrevocables de la síntesis, comprenda mejor a sus hijos, su pareja, la crisis cíclica del partido de gobierno, la molesta recurrencia de la enfermedad y la muerte.
Lea poesía.
Haga un acto de coraje, algo que tenga un triple sentido, algo por lo cual le pregunten en el trabajo, qué te pasa, qué haces, qué te ha sucedido.
Abra el libro en el metro, escóndase en el verso libre de la desganada mirada del vecino, recupere la mente atrapada en obligaciones sin destino. Haga lo que nadie más puede hacer por usted, hágalo porque tal vez sea lo único en que no lo pueden reemplazar, hágalo antes que los demás, ingrese en una muy selecta minoría, declárese exquisito sin complejos y afronte las consecuencias de tal iluminación imprevista, súbita, completa.
Lea poesía.
Notará sus devastadores efectos. La esponjosidad del pensamiento, la tendencia del desvarío, el profundo paladeo del lenguaje, los ojos que miran de otro modo lo que antes parecía opaco, mudo, indiferente.
Lea poesía.
Haga desaparecer lo obvio de su vida. Así, sin cuotas ni turismo ni aventuras sentimentales, sin riesgos de contagio ni gastos innecesarios, en público o en privado, convierta la existencia en un huerto de destellos, amanezca.
Lea poesía.
No la escriba, léala. Abandone la maldita manía de expresarse. Escuche. Sea lector que es más difícil, mucho más difícil, más escaso, especie en extinción, ser imaginario, elfo, enano, dinosaurio. Escuche cómo dicen esos poseídos que va el tiempo, el espíritu del siglo, la belleza de una esquina.
Búsquela en todas partes, exíjala. Hojee en los estantes, deje que la respiración lo capture y lo proteja del falso idioma de los avisos comerciales, las órdenes del jefe, el fraseo averiado de la sobremesa, los lugares comunes del tedio. Puro ritmo, pura melodía, profundo contenido, casualidad atrapada en el instante. Los poemas son como mariposas, epifanías, instantáneas del alma, conjuro de lo superior de una mirada hecha verbo, sonido, imagen, cristalización que crea adictos, que dejan marcado para siempre, que exigen generosidad, poros abiertos, riesgo de vida o muerte en su lectura
Lea poesía.
No se quede afuera de un universo explosivo, de un territorio donde no existen los límites, de una catarata de visiones, de una constante profecía. Los poetas ven de veras los signos del fututo, asistieron ayer al mañana, no tienen idea de lo que hacen, creen que escriben.
Lea poesía.
Lea a Claudio Rodríguez, que deja perplejo; a Joseph Brodsky, que rompe el corazón tejiendo un sutil velo de melancolía; a Paul Celan, que es sencillamente un genio; a Drummond de Andrade, que provoca sonrisas; a Gonzalo Rojas, siempre en cuerpo creciente; a John Ashberry, titán del verso libre en habla inglesa; a Eliot, a Neruda, a un Pound grandilocuente pero inolvidable; a Huidobro o a Darío, que intentaron inventarlo todo de nuevo; a Machado sin música, a Espronceda, Góngora, Quevedo. ¿Por qué no Pessoa? O Cavafis o ese poeta polaco tan bueno que olvidé su nombre tras leerlo en un café, a través de una traducción mecanografiada en que se podía igual sentir el dolor de su nación, o Auden, o la Dickinson o William Carlos Williams, que me dejó mirando lo más simple y cotidiano como si fuera la revelación de un dios menor de paso por mi barrio. O Paz o Lorca o Withman. O un haiku sin autor, entregado al manoseo de la memoria, de boca en boca, de mente en mente, de corazón en corazón.
Lea los modernos con solemnidad; los antiguos, con humor; los consagrados, muerto de la risa; los debutantes, vestido de oscuro. Léalos a todos, sin programa y en desorden, siga los impulsos del corazón, siempre fiel, siempre rotundo. Lea ahora, justo ahora que no está enamorado, que la vida dio sus curvas, que ya no hay remedio. Lea sin pasión para activarse, lea con pasión para encontrar la calma, el justo medio. Ordene su vida, compruebe lo sabio que es el mundo de tener a los poetas por ahí circulando, agréguese usted también a la lista. Sea original, único, perfecto.
Lea poesía.
Atrévase, ahora, sin retroceder ni un paso ni una línea ni una sílaba.
Lea.
Poesía.
Que no muerde.

1 comentario:

La Dama Caracol dijo...

La poesía, existente desde siempre, ¿que sería de ella sin los poetas, los magos que cazan al vuelo con redes de tinta esas mariposas invisibles que contienen tantas historias, versos y vida y las transforman en esas dulces sensaciones que empalagan a nuestros sentidos, que nos invitan a descubrir otra manera de visualizar el mundo?
Es cierto que leer poesía es algo más bien propio de una especie en extinción y es mucho más dificil que escribirla y nos produce sensaciones indescriptibles, pero también ocurre al escribirla. Es aprender a redactar las palabras dictadas por nuestro interior, una vía para conocernos o descubrir como somos realmente. Curiosamente hay gente que se dedica a escribir versos en paredes o muros, a modo de graffiti, en lugar de hacerlo en un simple papel, el cual puede acabar arrugado, manchado o roto pero que conservamos como un tesoro, como parte de nuestra vida, como un amigo al que comprendemos. Hay muchos caminos para llegar a ese mundo. Yo escribo en ocasiones porque no encuentro versos que se adapten a mi en esos momentos, o simplemente como medio para desahogarme, pero sin duda alguna movida por ese mismo sentimiento que poseemos todos (y que muchos prefieren ignorar) que me invita tanto a leer como a escribir.
Leo poesía por todas esas razones que están expuestas en el texto y principalmente porque la poesía enamora.
Creo que cada persona interpreta de una forma distinta la poesía que lee. Quizá esos mismos versos busquen a la persona adaptándose a la vida que lleva.
Para mi la verdadera poesía es aquella que consigue transmitirnos la situación del poeta, mostrarnos sus secretos, disfrazar lo simple mediante metáforas...aunque cada persona encuentra su modelo perfecto de poesía, o quizá no, tambien las personas pueden cambian ese gusto a lo largo de los años.

Leo poesía y la creo a su vez. Somos poesía.

Muy buen artículo. ¿quién se queja de que no hay razones para leer poesía?¿O para leer prosa? Sin duda es un toque de atención para todos aquellos que nunca han hojeado un libro o aquellos que abandonaron temporalmente este género. Es una llamada, incluso una obligación a que lean, ya que en estos tiempos muy pocos se atreven a ir contracorriente de este río humano si no es por ese método. También es muy parecido al modelo de los anuncios publicitarios.

Me parece extraño ser la primera en escribir algo ¿sería posible que procuraseis publicar más artículos en el blog? Estoy segura de que poco a poco irá ganando más adeptos.

Saludos de una alumna.