
Me estreno (o desvirgo) en los menesteres de cronista tras haber sido señalado a dedo y presionado por compañeras y algún compañero. Espero que el lector de esta crónica perdone y entienda que los numerosos y aberrantes errores que me dispongo a cometer se deben precisamente a mi falta de veteranía en la tertulia.
El encuentro literario fue el pasado lunes 13 de diciembre (mirando la fecha a que estamos hoy uno comprobará mi dejadez y desidia en la tarea de cronista) en el incomparable marco (no se me ocurre a qué compararlo) que nos brindaba el restaurante la Taula. El menú fue económico y sabroso, además recuerdo que nos dejaron cambiar el primer plato por una ensalada de salmón, aunque algún valiente respetó el primer plato. Los asistentes al evento, además del firmante, fueron Clara G., Mercedes V., Mercedes, Maite A., Amparo N., Mamen M., Fran C., Emilio, Paco, M. Luz R., y Ana. Sinceramente, creo que fuimos más, pero mi mala memoria, mi desconocimiento de los nombres de algunos de los asistentes, mi falta de valor para preguntar, y lo fácil que me ha resultado copiar y pegar los asistentes de la anterior crónica (sobre todo este último motivo) me llevan a pedir a los lectores que publiquen comentarios añadiendo y borrando aquellas personas que sobren o falten.
Por cierto, esto es tal vez lo menos importante, habíamos convenido leer El sueño del Celta, de Vargas Llosa, debido a que recientemente fue galardonado con el premio Nóbel. El resultado fue que tan sólo dos ávidas lectoras (no citaré sus nombres por no dejar al resto en mal lugar) fueron capaces de leer el libro de principio a fin. Entre los demás hubo algunos, entre los que me incluyo, que leímos unas cien páginas que se hicieron más largas de la cuenta y abandonamos la lectura como cobardes. También hubo algunos desvergonzados que ni tan siquiera compraron el libro y acudieron al encuentro nada más que a comer y a charlar, increíble pero cierto.
Se extrajeron varias conclusiones sobre la lectura, y casi todos coincidimos. Para empezar resulta evidente que el texto carece de ritmo e interés novelístico. Además el hecho de que se trate de una biografía provoca que el texto esté plagado de datos concretos que pueden resultar tediosos, dado que hay un excesivo interés por parte del autor en mostrar lo bien documentado que está. Algunas compañeras de la tertulia coincidieron en señalar que el libro está muy lejos de las mejores obras del escritor galardonado con el Nóbel, y se citó en concreto Conversación en la catedral.
Para la próxima lectura se ha decidido optar por Paul Auster, cuyo nombre aseguran los veteranos lleva sonando en varias tertulias. El libro será Invisible, del que ya he leído en estos días la primera parte y me está resultando interesante (qué pobre queda este adjetivo, ¿verdad?, probaré con otro) "cautivador" (mucho mejor).
Sobre el ya pasado encuentro, poco más que reseñar, a parte de dejar patente para la posteridad que compartimos espacio con unas gritonas ¿cajeras de mercadona? que celebraban su particular comida y nos dificultaban escucharnos de una a otra esquina. Tal vez sea buena idea que en el próximo encuentro contemplemos la posibilidad de comunicarnos por sms de un extremo al otro de la mesa, o bien pedir a alguna entidad pública (por ejemplo un instituto de secundaria, qué sé yo) que nos subvencione con unos walkie-talkies. Cambio y corto.
Abel.
El encuentro literario fue el pasado lunes 13 de diciembre (mirando la fecha a que estamos hoy uno comprobará mi dejadez y desidia en la tarea de cronista) en el incomparable marco (no se me ocurre a qué compararlo) que nos brindaba el restaurante la Taula. El menú fue económico y sabroso, además recuerdo que nos dejaron cambiar el primer plato por una ensalada de salmón, aunque algún valiente respetó el primer plato. Los asistentes al evento, además del firmante, fueron Clara G., Mercedes V., Mercedes, Maite A., Amparo N., Mamen M., Fran C., Emilio, Paco, M. Luz R., y Ana. Sinceramente, creo que fuimos más, pero mi mala memoria, mi desconocimiento de los nombres de algunos de los asistentes, mi falta de valor para preguntar, y lo fácil que me ha resultado copiar y pegar los asistentes de la anterior crónica (sobre todo este último motivo) me llevan a pedir a los lectores que publiquen comentarios añadiendo y borrando aquellas personas que sobren o falten.
Por cierto, esto es tal vez lo menos importante, habíamos convenido leer El sueño del Celta, de Vargas Llosa, debido a que recientemente fue galardonado con el premio Nóbel. El resultado fue que tan sólo dos ávidas lectoras (no citaré sus nombres por no dejar al resto en mal lugar) fueron capaces de leer el libro de principio a fin. Entre los demás hubo algunos, entre los que me incluyo, que leímos unas cien páginas que se hicieron más largas de la cuenta y abandonamos la lectura como cobardes. También hubo algunos desvergonzados que ni tan siquiera compraron el libro y acudieron al encuentro nada más que a comer y a charlar, increíble pero cierto.
Se extrajeron varias conclusiones sobre la lectura, y casi todos coincidimos. Para empezar resulta evidente que el texto carece de ritmo e interés novelístico. Además el hecho de que se trate de una biografía provoca que el texto esté plagado de datos concretos que pueden resultar tediosos, dado que hay un excesivo interés por parte del autor en mostrar lo bien documentado que está. Algunas compañeras de la tertulia coincidieron en señalar que el libro está muy lejos de las mejores obras del escritor galardonado con el Nóbel, y se citó en concreto Conversación en la catedral.
Para la próxima lectura se ha decidido optar por Paul Auster, cuyo nombre aseguran los veteranos lleva sonando en varias tertulias. El libro será Invisible, del que ya he leído en estos días la primera parte y me está resultando interesante (qué pobre queda este adjetivo, ¿verdad?, probaré con otro) "cautivador" (mucho mejor).
Sobre el ya pasado encuentro, poco más que reseñar, a parte de dejar patente para la posteridad que compartimos espacio con unas gritonas ¿cajeras de mercadona? que celebraban su particular comida y nos dificultaban escucharnos de una a otra esquina. Tal vez sea buena idea que en el próximo encuentro contemplemos la posibilidad de comunicarnos por sms de un extremo al otro de la mesa, o bien pedir a alguna entidad pública (por ejemplo un instituto de secundaria, qué sé yo) que nos subvencione con unos walkie-talkies. Cambio y corto.
Abel.
Nota final: De verdad que iba a subir una imagen del libro o del autor, pero últimamente entre los de la SGAE y la ley Sinde me han asustado y he decidido hacer un garabato de Mario Vargas Llosa.
2 comentarios:
A ver Abel, recien llegado al insti y voy de sorpresa en sorpresa. Así casi sin querer nos enteramos que eras escritor, y ahora ¡¡¡también dibujas!!!Pero niño, ¿que otras habilidades ocultas tienes? (solo las nombrables, por fa).
¡Artista, que eres un artista!
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